Coatzacoalcos, Veracruz. 24 de Octubre de 2014.
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De la relación entre pedagogía y filosofía.


De la relación entre pedagogía y filosofía.


Samuel Pérez García.
UPN305

La pedagogía trata de la enseñanza. Y con ello deben de ver todos aquellos que se digan maestros. No en el término de los títulos, sino referido al arte de enseñar. Y conste que no estoy hablando de la didáctica, porque esta se avoca sólo a específicas estrategias para impartir un tema determinado. Pero la pedagogía no se queda en eso. Profundiza en la teoría y en la práctica de enseñar y aprender. Por eso también requiere tener una idea de lo que implica la relación entre quien enseña y el que aprende. Ya no se trata, ahora, de concebir al alumno y al maestro como sujetos con un mismo nivel de desarrollo cognoscitivo, psicológico y afectivo. Sino que, además, cada uno debe entender que cada sujeto es capaz de construir su propio conocimiento, ¿Pero en efecto, lo es, lo puede ser? ¿O es solamente una visión teórica de Piaget, sin que hasta la fecha haya dado resultado? Puesto que cierto es, los programas que rigen a la educación en nuestro país, si bien tienen ese perfil, los maestros no lo tienen, a veces ni siquiera en la propia teoría.

La pedagogía trata de conducir al sujeto en el proceso de aprendizaje. Por eso quien enseña tiene que ser un excelente profesor, pedagogo, conductor, facilitador, coordinador, o como las corrientes pedagógicas quieran nombrarlo. Pero en México, la gran mayoría que se ocupa de enseñar, sea el nivel básico de las primeras letras o de preescolar, sea del nivel que fuere, carecen de un proceso formativo en el análisis de los problemas de la pedagogía, de sus estrategias y técnicas, de la sicología de los sujetos que aprenden, de los propios traumas de quienes se autonombran profesores. En la vida cotidiana de cada escuela hay uno que se hizo profesor porque no había otra actividad a qué dedicarse, o porque la oportunidad se le presentó para heredar la plaza de su padre, de su tío o simplemente la pudo adquirir en la cuota módica de 200 mil pesos. Porque las plazas también se compran o bien se consiguen por compadrazgos, se tenga o no dotes de facilitador de la enseñanza. Lo que cuenta en esos momentos es el dinero o la palanca necesaria para aparecer en la nómina del Estado.

La pedagogía propone caminos para abatir los obstáculos para que el aprendizaje dé sus frutos. Se auxilia de técnicas, desde luego, pero también de otras ciencias, porque la pedagogía por sí misma es imposible que resuelva los problemas de la enseñanza. Y lo es imposible porque el hombre no es una cosa ni un objeto petrificado. Es un sujeto que piensa y quiere, que se jacta de tener voluntad propia y que actúa acorde con sus circunstancias. Por eso también es un sujeto histórico, es decir, vive una época a la cual vive y trasciende con su obrar colectivo. Al ser un sujeto que piensa, tales pensamientos pueden ser analizados desde la psicología para efectos de agilizar su aprendizaje o bien de sus posibles trastornos, de esas razones profundas que le impiden conseguir frutos. Pero también de las implicaciones que conlleva a pensar así o de otro modo. Y de lo que dicho pensamiento tiene para la transformación de la realidad. Porque de eso se trata: si la pedagogía no propone cambios en la realidad de su tiempo, si el maestro no se esmera por eso mismo, ¿cuál es entonces eso de facilitar el camino de los estudiantes en su proceso de aprendizaje? De otro modo: ¿aprender para qué? ¿Para seguir la vida normal: levantarse, bañarse, desayunar, comer o echarse unos tragos, y así sucesivamente? Encuadrarse en este círculo cotidiano no es vivir la vida, es